jueves, 26 de mayo de 2011

MONTE PINDO: EL OLIMPO GALLEGO

                                                                     Foto: J.M. López Tuñas


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Eu soñei ver na cume do Pindo
adornados de mirto e loureiros,
escritores, poetas, guerreiros.
que sorrindo se daban a man.
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  Francisco Añón Paz
                                                                         A Galicia


         El monte Pindo es el Olimpo gallego. Eleva su majestuosidad a orillas del Atlántico que con sus vientos y lluvias va esculpiendo las formaciones graníticas y le confiere ese aire mitológico que desde siempre se le ha atribuido.
        Otea desde lo alto uno de los paisajes más espectaculares de nuestro litoral, tanto es así que hasta el río Xallas excavó su lecho rocoso para abrirse camino y lanzarse desde las alturas a los brazos del mar.
Desembocadura del Xallas
        Desde los albores de la Historia el hombre ha atribuido a los montes un carácter sagrado. En  las religiones más antiguas constituyen el nexo con Dios y en las primeras culturas urbanas, desde  Mesopotamia a Centroamérica, los templos se alzaban escalonadamente hacias los cielos para coronarse con el santuario.
        Francisco Añón Paz, al igual que otros escritores e intelectuales que han contribuido a la construcción del imaginario social de los gallegos, compara  este monte con el Olimpo griego y lo hace morada de los genios de nuestra cultura y de los más gloriosos antepasados.
En marcha...
        Ascender al monte Pindo desde la iglesia de este pueblo, por la ruta pedregosa que conduce hasta la cumbre de Pena Moa,  es todo un reto para el tesón y las piernas.Y si vas precedido de medio centenar de adolescentes se transforma ya en una proeza. Las profesoras de nuestro Instituto Carmen Vales, Luisa Nieto y Mercedes Rey nos conducen por esta ruta de senderismo tan espectacular como difícil. Las formaciones rocosas, los enormes pedregales y las maravillosas vistas que van surgiendo a medida que ascendemos hasta la cumbre resarcen, junto a la alegre  compañía del alumnado, todo el esfuerzo que la empresa requiere. Tres horas de camino, de roca en roca y de picacho en picacho.
        La ovación al llegar a Pena Moa  compensa el esfuerzo y aunque no pudimos localizar a la pléyade de escritores, poetas y “guerreiros” a los que canta Añón, la panorámica que desde allí se contempla, desde el Cabo Finisterre hasta el extremo Sur de la Playa de Carnota, es  todo un regalo para el espíritu.
        Luego, la  comida y  la bajada con mucha precaución porque las piernas flojean y los resbalones se producen a cada paso. Apoyo a los rezagados y ánimos compartidos. Y sobre todo la alegría de haber alcanzado  la cumbre de nuestro Olimpo. 

Playa de Carnota desde A Moa